¿Tu niñ@ es agresivo o tiene problemas de conducta? Esto te interesa:

¿Tu niñ@ es agresivo o tiene problemas de conducta? Esto te interesa:

Un poco de rebeldía y desobediencia en los niños es normal. Sin embargo, debes estar pendiente si tu pequeñ@ se comporta de manera agresiva o tiene problemas de conducta. A veces sólo los separa una línea muy delgada. Además es difícil lidiar con ciertos comportamientos, por eso en ocasiones se requiere ayuda profesional para entender y tratar los trastornos infantiles. ¡Toma nota!

¿Por qué los niños son agresivos?

Los niños que tienen problemas de conducta suelen ser desobedientes, inquietos e incluso, llegar a ser agresivos. La agresividad infantil conlleva dirigirse a alguien con gritos, empujones, rasguños, mordidas, groserías, patadas, golpes, etc.

Es algo común, pero generalmente se erradica con pautas educativas. Sin embargo, si pasa un tiempo y el pequeño sigue comportándose igual, debes tomar cartas en el asunto y no permitir que las conductas agresivas en niños avancen, ya que puede ocasionar muchos problemas en el futuro.

Conforme crece el niño, aprende a diferenciar entre muestras de afecto e impulsos agresivos. Aunque, cuando no son capaces de controlar su agresividad y enojo, se sienten frustrados e incluso rechazados. No es sencillo, pero como padre de familia debes apoyarlo e impedir comportamientos que aumenten sus problemas de conducta.

Algunas de las causas de la agresividad son:

  • Exceso de disciplina que llega a la represión.
  • Exigencias y expectativas que le es difícil alcanzar.
  • Relación agresiva y tensa de los padres, patrón que seguirá el niño.
  • La zona donde vive.
  • Factores orgánicos como problemas cerebrales, mala nutrición porque no quiere comer, enfermedades, etc.
  • Si el niño no sabe cómo afrontar verbalmente los problemas, puede ser conducido a la agresividad.
Problemas de conducta
Problemas de conducta

Cómo tratar los problemas de conducta de un niño

Sabemos que es difícil lidiar con problemas relacionados con tu pequeñ@, la buena noticia es que la agresividad en los niños es fácil de identificar. Así, con una intervención a tiempo de los padres y, si es necesario, con ayuda de psicólogos infantiles, se puede prevenir que los problemas de conducta evolucionen hacia trastornos más graves en la adolescencia.

Como padre de familia debes tomar acción de la siguiente manera:

  • Ten cuidado de no responder agresivamente cuando el niño tenga conductas violentas. Recuerda que, en general, estos comportamientos suelen ser imitados. Lo más conveniente es mostrarle un buen modelo a seguir.
  • De nuevo, los niños imitan. Así que si tú eres amable con él y con los demás, es casi seguro que se comportará de la misma forma.
  • Es importante que los dos padres estén de acuerdo en las decisiones sobre el niño. Ya que si uno es más flexible y el otro es rígido, el pequeño puede rebelarse.
  • Identifica el tipo de conducta que tiene. Anota cómo se comporta, en qué situaciones se desencadena el problema y de qué forma expresa su agresividad.
  • Muéstrale que existen otras formas de solucionar los conflictos.
  • Mantén un buen vínculo afectivo. Juega con el niño, pasa tiempo de calidad con él, escúchalo. Toma en cuenta que los comportamientos inapropiados suelen ser para llamar tu atención.
  • Aprende a poner límites y a ser firme en tus decisiones.
  • Cuando le indiques algo al niño, debes hacerlo con claridad y precisión.
  • Ayúdale a canalizar su energía a través de actividad física. Es mejor el ejercicio a que se la pase viendo televisión o videojuegos que, en muchas ocasiones, presentan violencia.

Atender los problemas de conducta desde que comienzan es la mejor forma para erradicarlos.

Tratamiento psicológico para la agresividad en niños

Si ya pusiste en práctica todos los consejos anteriores y no mejora la situación, es momento de acudir a un psicólogo infantil. Él podrá encontrar la raíz del problema y ayudar al niño a canalizar sus emociones.

El psicólogo evaluará su conducta a través de observación natural, autorregistro y técnicas indirectas como entrevistas, cuestionarios contestados por padres y maestros, terapias con juegos o música, etc.

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